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Viaje al corazón del SAI

¿por qué no debemos olvidarnos de su batería?

Viaje al corazón del SAI
Javier Martínez de Eaton - 04/12/2019 Comparte este contenido  

El SAI o sistema de alimentación ininterrumpida es un elemento imprescindible hoy en día a la hora de asegurar la calidad de la energía y la continuidad del suministro eléctrico en cualquier negocio, variables que garantiza gracias a sus funciones de monitorización y corrección automática ante cualquier problema. Este elemento, que nace como un sistema de protección, resulta imprescindible hoy en día en todo tipo de negocios. Así, desde grandes conglomerados empresariales a pequeñas empresas, particulares, o incluso amantes del gaming se sirven del SAI para asegurar que no se vean interrumpidos su negocio o su entretenimiento, como en este último ejemplo.

Más en concreto, un SAI puede evitar daños en el hardware derivados de caídas o subidas de tensión (muchos modelos de SAI acondicionan la alimentación entrante), así como evitar daños, modificaciones o la pérdida total de datos, proporcionar disponibilidad a las redes y otras aplicaciones, además de evitar tiempos de inactividad e incluso ordenar un apagado del sistema antes de que tenga lugar un fallo, si resulta necesario.

Cada vez somos más conscientes de la importancia de estos sistemas y de lo valioso de su capacidad de protección de los equipos electrónicos frente a los continuos problemas de la red eléctrica. Sin embargo, con frecuencia olvidamos que todo producto requiere de un mantenimiento predictivo y que, en el caso del SAI, el cuidado más importante es el del corazón que le permite seguir funcionando (a él y, por ende, al negocio en cuestión): su batería.

La batería es una parte tremendamente poderosa en un SAI, pero también y por esto mismo, la más vulnerable. Prueba de ello es que los fallos de batería son una de las principales causas de pérdida de carga. Esta situación puede desencadenarse por razones variadas que van desde temperaturas elevadas o muy fluctuantes hasta un voltaje incorrecto de la carga flotante, pasando por la pérdida de electrolitos debida a una desecación, daños en la carcasa, enlaces o conexiones flojos entre elementos o el mero envejecimiento del producto, la falta de mantenimiento y el cuidado incorrecto del mismo.

A todo ello le añadimos que la vida de una batería, como la de un corazón, es limitada, y cuanto mejor gestionemos su cuidado, más larga y provechosa será. Más específicamente la duración estándar de las baterías VRLA (Baterías de plomo herméticas que no necesitan mantenimiento) es de tres a cinco años; las de litio-ion, 10 años, mientras que las de celdas húmedas pueden alcanzar los 20 años.

En este contexto y partiendo del poder de las baterías, que puede convertirse en una debilidad si no es gestionado correctamente, me gustaría recalcar que el mejor cuidado de las mismas es aquel que tenga en cuenta los cuatro elementos principales que les afectan: ubicación, ciclos de carga, mantenimiento predictivo y química.

De esta forma, la mejor gestión de baterías será aquella que tenga en cuenta las condiciones ambientales del lugar en el que se sitúa el SAI y en concreto la temperatura, que deberá rondar los 25°C (77°F) para ser óptima. Igualmente es necesario tener en cuenta los ciclos de carga, siendo consciente que durante un corte de energía un SAI funciona con la batería, de forma que cada ciclo de descarga (recarga de la batería para su futuro uso una vez que se restaura la energía eléctrica o se completa un cambio a la energía de un grupo electrógeno) reduce su capacidad relativa en un pequeño porcentaje.

Una buena gestión deberá poner asimismo el mantenimiento predictivo entre sus prioridades, para identificar de forma periódica baterías en mal estado antes de que puedan afectar al resto de la cadena, permitiendo además programar los reemplazos sin necesidad de parar la producción ni perder autonomía. Por último, un buen cuidado de las baterías ha de tener en cuenta que, al fin y al cabo, éstas son dispositivos electroquímicos cuya capacidad de almacenar y entregar energía va mermando de forma lenta pero progresiva, por lo que a pesar de cumplir todos los requisitos que aseguren su buen funcionamiento, es recomendable cambiarlas a los cuatro años de vida.

Me parece un dato curioso que, según nuestros registros de servicio, más del 25% de las visitas por mantenimiento preventivo acaban en un servicio de seguimiento para realizar acciones correctivas o actualizaciones, y ofrecer a los clientes la oportunidad de subsanar problemas potenciales antes de que adquieran mayor gravedad.

En definitiva, creo que es esencial dar visibilidad a la necesidad de garantizar un correcto mantenimiento de las baterías que hacen posibles que SAIs de todo tipo puedan hacer frente a cualquier amenaza, en cualquier momento, garantizando en último término la continuidad del negocio y su seguridad.


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